El Problema no es (sólo) Alpamayo

Es raro ver en redes a tanta gente hablar del colegio en el que te educaste. Desde que Mijael publicara su artículo, he leído a gente que (predeciblemente si uno conoce el entorno) ha defendido a rajatabla la educación brindada por Alpamayo y gente que (supongo, predeciblemente también) hemos salido a decir por qué criticamos ciertos principios rectores de la educación que recibimos.

A raíz de esta discusión, ya llevamos varios días concentrados en las anécdotas y lecciones que aprendió (o no aprendió) Mijael. Si le enseñaron a odiar o a amar. Si se dijo que los gays son enfermos o no. Creo que la contribución que ha hecho Mijael al relatar sus experiencias es invaluable. Yo también tengo innumerables experiencias recopiladas en 10 largos años de Alpamayo en mi vida, pero creo que ese no es el problema central que debemos sacar de esta conversación. Y es que como me dijo un buen amigo mío hace poco, también ex alumno de Alpamayo, “las cosas pueden haber cambiado, Alonso”. Y sí, es cierto. Quizás las cosas que me dijeron a mí, las cosas que pasaron cuando yo estudié allí, ya no se digan y ya no pasen. Quizás cuando un alumno haga un trabajo diciendo que la Inquisición Española fue mala para la humanidad ya no le pongan 00. Quizás los libros del curso de historia ya no digan que Moisés partió el mar rojo como un hecho histórico. Quizás cuando un chico le diga “cabro” a otro delante de un profesor, el profesor ya no se ría. Quizás la obsesión por la masculinidad del alumno y el uso de “gay” como insulto hasta por los propios profesores ya no exista. Quizás. No creo, pero quizás. Pero insisto en que eso no es ni debe ser lo más importante que extraigamos del artículo de Mijael. Las anécdotas que yo y Mijael vivimos pueden cambiar. Lo que a mí me preocupa, más bien, son las cosas que sé que no pueden cambiar para que Alpamayo pueda seguir siendo el tipo de colegio que Alpamayo quiere ser.

Hace 13 años que no tengo mayor vínculo con mi colegio. La última vez que fui, fue a la kermes de 2003, haciendo tiempo para ir al concierto de Alanis Morrisette. No es, sinceramente, un periodo de mi vida que me guste recordar, pero habiéndome picado la curiosidad, entré a la web de mi colegio y repasé los principios fundamentales de la educación alpamayina. Uno de ellos es la “educación en libertad”: “En Alpamayo promovemos que nuestros alumnos tengan la capacidad de decidir por sí mismos” – dice. Pero, para que Alpamayo sea el tipo de colegio que Alpamayo quiere ser, esa frase no puede ser cierta. El mismo colegio lo reconoce. Su misión, según su propia página web, implica formar hombres “en consonancia con las enseñanzas doctrinales y morales católicas”. Entonces, ¿cómo es? ¿Somos libres? ¿O somos católicos? En mi experiencia, por lo menos, en Alpamayo nunca me sentí libre para no ser católico. Y es por allí –por la raíz- donde encuentro yo el problema.

Recuerdo claramente una clase de religión en donde el profesor escribió en la pizarra “¿Cómo sabemos que la Biblia es cierta?” Para mi yo de 14 años, atormentado por dudas espirituales, la pregunta era fascinante. El dictado (no sé si aún se haga “dictado” en el colegio, ¡ojalá no!) empezó así: “Sabemos que la Biblia es cierta porque fue escrita por los apóstoles bajo inspiración divina”. Bendito carrusel, pensé. “¿Cómo sabemos que los apóstoles la escribieron bajo inspiración divina?”, preguntamos algunos herejes. Hasta el día de hoy sigo esperando una respuesta.

Experiencias como esa, en donde la religión interfiere con la educación, hay miles. En mi colegio había una lista de libros permitidos. Ojo: libros permitidos, no prohibidos. Uno sólo podía leer los libros que figuraban en la hojita bulky enmicada correspondiente a cada año escolar en la biblioteca. Nada de pecadores como García Márquez y Vargas Llosa. ¿Qué es Harry Potter? No sé. En mi colegio me enseñaron que los condones no te protegen de las enfermedades venéreas y que el “método rítmico” es una forma eficaz de evitar embarazos. La ignorancia en temas de sexualidad era tal que alguna vez se burlaron de mí en el colegio por decir que las campanas que había dibujado el profesor de matemática en la pizarra parecían condones. “Jaja qué lorna eres Gurmendi, no sabes cómo se ve un condón: los condones son cuadrados con un círculo en el medio”. Así como esas, miles.

Me dirán que el problema es que no soy católico ni provengo de un hogar del Opus Dei. Que no debí estar en un colegio para católicos si no lo era. ¡Pero cuando entré al colegio en segundo de primaria yo no sabía si era católico o no! La experiencia colegial para mí -sobre todo en secundaria- fue bastante opresiva, llena de sentimientos de culpa. Sentir que uno es una mala persona por tener dudas sobre la existencia de Dios no es agradable. Sentir que uno se irá al infierno por vivir una sexualidad sana e informada tampoco. Conozco personas que atravesaron sentimientos similares de aislamiento y represión, sea por herejes, por gays, por ser hijos de divorciados o cualquier otra causa.

Y es que para mí el problema está allí: la idea de que a los niños hay que grabarles una religión primero y una educación después. Ese “pecado” no es exclusivo de Alpamayo y por eso me parece hasta injusto el cargamontón. ¿Cuántos de nuestros niños no alpamayinos están hoy por hoy en un colegio religioso que los quiere convencer de que se irán al infierno si no creen en el dogma católico? Esa es violencia sin violencia. Es allí donde está el origen del problema. Después de todo, no importa si ese colegio religioso le dice o no a sus alumnos que la homosexualidad es una enfermedad, así con esas palabras. No es necesario enseñar intolerancia para generarla. Basta con que ese colegio le enseñe a sus alumnos que un chico gay que tiene sexo con su enamorado no se va al cielo. Nadie dijo monstruo. Nadie dijo enfermo. Pero es que nadie dijo “está bien ser gay” tampoco.

Me dirán que estoy atacando los cimientos morales de la fe católica. La verdad no es mi intención, y creo que seguramente debe haber más de un colegio católico que no sea teocráticamente represivo y que sí explique que hay una diferencia entre la moral católica y los derechos civiles (de hecho, universidades católicas que lo hacen hay muchísimas), pero la verdad no soy católico y si me dicen que un chico gay que tiene sexo con la persona que ama debe irse al infierno a arder por toda la eternidad pues entonces sí, creo que pensar eso es inmoral (Al fin y al cabo, “[e]n Alpamayo promovemos que nuestros alumnos tengan la capacidad de decidir por sí mismos”, ¿no?). Pero ese no es el problema. Los católicos al fin y al cabo tienen todo el derecho del mundo de estar en desacuerdo conmigo sobre la moralidad de la homosexualidad, siempre que no pretendan traducir esas normas morales en restricciones legales para la comunidad LGTB. Es por eso que estoy absolutamente a favor de que el Perú regule el matrimonio igualitario. Las creencias morales de la mayoría católica del Perú no pueden ser sustento para una ley que limite derechos. Pero si esa es mi posición, si no creo en la imposición de dogmas religiosos, pues entonces lo mismo aplica para la imposición de esos dogmas en niños que no sólo no nacieron católicos (porque nadie nace católico), sino que nunca han tenido opción a decidir a qué fe quieren pertenecer.

Me dirán, ahora, que es injusto robarle a los padres el derecho de inculcar en sus hijos su propia religión. Pero mi papá es arquitecto y yo no, y a nadie se le ocurre pensar que es injusto haberle robado a mi papá el derecho de tener un hijo arquitecto. Después de todo, creo que sería un pésimo arquitecto y que sería un pésimo católico. Pero ¿saben qué? Creo que soy un buen abogado y una buena persona.

Así que si me preguntan qué tan bueno o malo es Alpamayo como colegio, sólo responderé que es un colegio que más que producir ciudadanos, busca producir ciudadanos católicos. Como tal, sufre de los mismos problemas que sufren todas las instituciones del mundo que no respetan la libertad de pensamiento. Sería igual de problemático si un colegio laico dijese que la religión es una estupidez y obligase a sus alumnos a recitar párrafos de Richard Dawkins 5 veces al día. Yo no pondría jamás a mis hijos en una institución que cometa semejante pecado, pero al fin y al cabo, el tema es que Alpamayo en sí mismo no es el problema. Esta no es ni debe ser una pelea entre ex alumnos para ver si su colegio les dio buenas o malas lecciones de vida. En esa discusión, cada quién sacará sus conclusiones: los que se inclinaron por el catolicismo y están dispuestos a creer que los condones no te protegen de las enfermedades venéreas tendrán buenos recuerdos y los que no, no. El problema, creo yo, es más grande. Esta es más bien una pelea por el derecho de nuestros niños a recibir información sin filtros y su libertad de pensar diferente de sus padres.

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12 Responses to El Problema no es (sólo) Alpamayo

  1. Luciana says:

    Anécdotas sobre colegios católicos en Lima hay de sobra. Conozco casos de gente muy cercana a los que el mismo departamento de psicología ‘bulleó’ por su orientación sexual. Mis profesores me amenazaron de no dejarme graduarme si no me confirmaba si no iba a los retiros espirituales. En más de una ocasión me dijeron que si no era católica y si no quería hacer las cosas de católicos, tenía una infinidad de otros colegios a los que podía cambiarme.

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  2. Gran artículo, lo suscribo al 100%.

    Solo quisiera precisar que la intención de mi columna nunca fue polarizar más el asunto, sino más bien sugerir que tal vez debamos abordar el problema desde otra perspectiva, una más cercana a la razón que a las anécdotas (como tú bien lo has hecho).

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  3. Arnold Chavez says:

    Creo que un niño no tiene esa capacidad de decisión en ese momento de su vida al cual te refieres y en ese sentido los padres si tienes derecho a elegir en que valores morales quieren que sus hijos se formen , de lo contrario también tendrías que esperar a que crezcan para que decidan si quieren ir o no al colegio, o los dejas desnudos hasta que puedan decidir que color de ropa comprarse, ya cuando sean más grandes podrán decidir si continuar o no con lo que se les ha inculcado hasta ese momento. Por cierto todas las dudas que tuviste en el colegio, lástima que no te las hayan podido responder racionalmente, porque en el catecismo y otras fuentes se encuentran respondidas de forma concreta vista des la razón y hechos históricos mejor fund
    amentados. Saludos

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    • Alonso Gurmendi says:

      Hola Arnold, saber matemática es algo que todos necesitamos. Saber de catolicismo no. Tu análogía no es correcta. Si fuese correcta tendrías que darles la opción a los niños de “decidir si continúan o no creyendo que 2+2 es 4 o que el Perú se independizó en 1821”. Eso es imposible, pero sí es posible decir “no creo en el dios católico”. En realidad lo único que tienes que enseñarle a un niño en el colegio es historia de las religiones y filosofía.

      Sobre las dudas, tranquilo. Luego de salir del colegio se resolvieron todas las dudas. Ahora vivo feliz como no creyente.

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      • Juan Francisco says:

        Por qué en el colegio me obligaron a hacer educación física? Por qué me impusieron el inglés si desde niño me gustaba el francés? Por qué insistían en enseñarme a tocar flauta si yo era bueno en saxofón? Por qué me enseñaron a ser generoso si yo prefería los chizitos solo para mí? … Lamentablemente (o afortunadamente) nuestros padres eligen los colegios para sus hijos de acuerdo a lo que ellos piensan que es mejor para sus hijos.

        En todo caso, en vez del argumento que soporta todo tu artículo: “los niños deberían sentirse libres”, debería ser: “uno debería poder desistir del colegio que sus padres escogieron para él”.

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      • Alonso Gurmendi says:

        Creo que si hubieses estado en un mejor colegio te habrían dado un saxofón y enseñado francés e inglés. Lamentablemente ni tú ni yo tuvimos esa suerte. Educación física, bueno… si crees que aprender de catolicismo es tan básico como tener un cuerpo sano, simplemente tendremos que estar en desacuerdo. Para mí sólo necesitas historia de las religiones y filosofía para nutrir tus necesidades espirituales. El resto depende de ti.

        Y sí, deberíamos tener el derecho de “desistir del colegio” que nuestros padres escogen, pero también tenemos el derecho a que no nos impongan ideas en un lugar que supuestamente te tiene que enseñar a pensar libremente, no?

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      • Salinas says:

        Y muchos vivimos felices no como creyentes, sino con FE. No se trata de ser creyente o no, sino de tener FE, y ese es un don de Dios. Miles de ateos y anticlericales en el mundo se convirtieron a la fe católica. Lee “10 ateos que cambiaron de autobus”, lo cual significa que no necesariamente haz tomado una decisión correcta viviendo sin ser creyente (tendrías que aclarar si eres ateo o anticlerical, son cosas distintas). Tu consideras que a un niño se le debe enseñar sólo la historia de la religión y filosofía, y tu esposa y tu escogerán un Colegio que cumpla esas condiciones, Y BIEN POR TI, TE APOYO, si alguien quiere quitarse ese derecho, pues yo te apoyaré; sin embargo, jamás se me ocurriría criticar o indisponer al Colegio que escogiste porque no sea católico o no enseñen religión. A diferencia de tu persona que ofenden a un colegio (que puede ser diocesano, agustino, parroquial, etc.) sólo porque no comulgan con tu visión sobre la vida.

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  4. Valeria says:

    Los colegios religiosos son uns fabrica de agnosticos , ateos y catolicos no practicantes, creo que los mas saludable es recuperar tu albedrio al terminar la secundaria.

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  5. Manuel says:

    Conozco muy de cerca la educación en colegios del Opus, y déjame decirte que me robaste la palabra.
    Tantas personas discutiendo de si su experiencia fue grata o no, cuando al final las experiencias siempre serán diferentes para cada uno, cuando discutir sobre una experiencia, una percepción, es subjetivo.
    Tal como has dicho, el principal problema es meter ideas de algo libre como la religión en la cabeza de niños de 6-7 años cuando claramente a esa edad no tienen la suficiente capacidad como para cuestionar qué está siendo dicho. Es como cuando los terroristas secuestraban niños hace 30 años en nuestro país y los formaban con su manera de pensar, encerrándolos en una burbuja, y así sigan sus pasos.
    Como una vez un compañerio del colegio dijo: ¿Acaso la religión no es una decisión libre? Y tú, ¿crees que alguien de este salón ha sido realmente libre a la hora de escoger la suya?
    Porsupuesto que no, si nos imponían la idea en diferentes ocasiones de que la religión budista, por ejemplo, solo busca despegar al hombre totalmente de todo lo material, mientras que, porsupuesto, la católica te permite tener una relación con Dios. O que si la Iglesia condenó a algunos grandes de la ciencia siglos atrás fue porque “la primera impresión de algo tan moderno, los asustó, no sabían que hacer”, pero claro, todos, y así lo dijo un profesor, los musulmanes son malos porque todos quieren asesinar a los católicos… Uno no es verdaderamente libre hasta que conoce de verdad cuáles son todas sus posibilidades, y enseñarnos sobre la bondad del catolicismo y cerrarnos a cualquier idea que discrepe con él, no forma niños libres.
    De paso quería mencionar que las cosas en mi colegio siguen siendo a como lo eran en Alpamayo hace 11 años, siguen siendo como Mijael las describió. Si cambió en Alpamayo, no lo sé, pero al menos en el mío, todo sigue igual. Nada más en diferentes ocasiones he sido presionado, de manera pacífica por así decirlo, a asistir a una misa que supuestamente es “electiva” como me parece haber leído que alguien la llamaba.
    El fanatismo nunca es bueno, pero fanáticos siempre encontraremos. Tristemente es en estas instituciones en donde muchos fanáticos religiosos son formados. En donde encontrarás niños de 10 años que tienen les tienen un asco irracional (incluso yo solía ser de ellos) a los homosexuales, y que estoy segura que no nacieron sabiendo “que la homesexualidad es un transtorno psicológico”. No digo que todos sean así, pero de que encontrarás fanáticos nadie lo puede dudar.
    Solo espero que las cosas cambien, porque la imposición de una religión jamás será la “verdadera libertad” que supuestamente estos colegios pretenden encontrar.

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  6. Salinas says:

    ¿Y que es pensar libremente?, ¿hacer lo que quiera la persona?, pues eso sería un desorden ¿en tu trabajo haces las cosas libremente o se rigen bajos ciertos criterios, políticas y límites?. Los padres de familia también deben formar en la espiritualidad, no sólo en lo físico y psicológico, y si algunos profesores no saben una respuesta, no significa que no exista la fe, ni la santidad, ni Cristo, ni que las enseñanzas de la Iglesia sean malas. La libertad no es lo mismo que libertinaje. Asimismo, pareciera que la tolerancia sólo fuese aceptar la conducta homosexual como “natural”, es decir, no existe otra cosa para “tolerar” (es como una obsesión), pero no dicen nada cuando padres de familia en USA son detenidos por no aceptar que sus hijos sean adoctrinados en la ideología de género y homosexual (¿es libertad que me impongan la ideología de género mediante leyes y presión mediática?). Si una persona considera que la homosexualidad es “natural”, entonces presumo que debe invitar a gays a que se besen a su casa y le digan a su hijo: “¿Porqué no sales con un hombre?, ¿porqué sólo sales con mujeres?, no seas homofóbico”, y es su problema, ¿pero porque me lo quieren imponer mediante el eufemismo de “crímenes de odio”?. Particularmente me parece de mal gusto que alguien hable mal de su colegio (salvo que se trate de delitos), es como hablar mal de los papás. Si mi padre no fue como me hubiese gustado, eso no me da derecho a hablar mal de él, y eso es gracias a un Mandamiento “Honrarás a tu padre y a tu madre”, y eso implica “no hablar mal de ellos, ni pisotear su imagen”.

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