“Robamos Menos”

CapturaSegún Mauricio Mulder, congresista del APRA, “no hay gobierno en el que no se haya robado” (esto es, incluyendo los dos del APRA) pero que “más se robó en el gobierno de Belaunde Terry”.

Esta idea de que es “normal” entrar a la administración pública para robar es uno de los problemas más graves que tiene el Perú y una clara traba al desarrollo. Por ejemplo, de acuerdo con el Banco Mundial, un país que tiene prácticas anti-corrupción efectivas puede ver retornos del 400% en el PBI per cápita. Es decir, un país con un PBI per cápita de US$2,000 puede al largo plazo y en promedio lograr que su PBI per cápita aumente hasta US$8,000 sólo combatiendo la corrupción. En nuestro país, según una investigación del Diario El Comercio, las acusaciones por corrupción comprometen alrededor de 10 mil millones de soles cada año, 30 veces el presupuesto de Cuna Más.

Pero para mí, el problema más grave no es que Mulder diga que el APRA “robó menos”. El problema más grave para mí es más profundo y más difícil de resolver: la debilidad de nuestro sistema de justicia. Piénselo, más allá de Fujimori y su cúpula ¿cuándo fue la última vez que vio en medios una noticia de un alto funcionario de alguna entidad pública o partido político yendo a la cárcel por corrupción? La mayoría de casos en los últimos años, han sido absoluciones. El Perú tiene una larga lista de escándalos que o nunca llegaron a juicio o fueron declarados prescritos o simplemente fueron desechados a pesar de la suspicacia de la población. Es ya casi un ritual ver cómo nuestros políticos son acusados, son eviscerados en los medios por un par de semanas, luego desaparecen del escenario público por unos años y luego sale una noticia diciendo que todo terminó en que o se suspendieron las investigaciones o se declaró a todo el mundo inocente.

Esta idea de que las investigaciones no llegan a nada tiene que parar. No es normal y no está bien. Basta nada más mirar a nuestro lado para aprender un par de cosas. En Brasil se ha destapado el escándalo de corrupción más grande de su historia. Un grupo de empresas constructoras se coludió para recibir beneficios en las concesiones licitadas por la empresa estatal de petróleo, Petrobras, a cambio de pagos indebidos. En el Perú, hemos tomado esto casi exclusivamente como una vindicación al modelo de subsidiariedad de la Constitución de 1993 por sobre el modelo brasileño de desarrollo sustentado en la actividad empresarial del Estado que tanto debate causó en nuestras costas a inicios del gobierno de Humala. Sin embargo, hay algo más que este escándalo aún puede enseñarnos.

Lo impresionante del Lava Jato, después de todo, es que se está investigando todo y a todos. Desde Dilma Rousseff y Lula por el lado del gobierno, pasando por importantes funcionarios de empresas multimillonarias como Odebrecht y BTG Pactual y terminando en políticos opositores al gobierno como Eduardo Cunha y Aecio Neves. Nadie se salva.  Esto es algo sumamente importante. A fin de cuentas, como escribió el Diario Financial Times en agosto del año pasado, la corrupción puede ser tan traba al desarrollo como lo es el proteccionismo. El Diario contrastó lo que ocurría en Brasil, un país con una economía poco liberalizada, puesto 120 del Ránking de Doing Business del Banco Mundial, pero que tenía en marcha una lucha seria contra la corrupción, con lo que ocurre en México, un país de políticas liberales (puesto 39 del Ranking de Doing Business), pero en donde la impunidad es rey. México, concluyó el diario, perdía 13 mil millones de dólares en inversión extranjera directa a manos de la corrupción y la falta de estado de Derecho. Brasil, con todos sus problemas económicos, sigue teniendo niveles de inversión mayores que México básicamente porque ha sabido cuidar su estado de Derecho.

El problema es el mismo si lo vemos desde el lado del Perú. Nos va bien en lo económico. Somos puesto 50 en el Doing Business y en la prensa internacional ya se discute qué puede hacer el Perú para llegar a ser un país de ingreso alto, dejando cada vez más lejos la pobreza y el subdesarrollo. Sí, en todo eso nos va bien, pero ¿se imaginan qué tan mejor nos iría si tuviésemos un sistema de justicia que meta presos a los corruptos como en Brasil? ¿Cuánto dinero perdemos y cuánto dejamos de reducir la pobreza por culpa de nuestro Poder Judicial? En resumen, pues, ¿qué puede hacer el Perú para alcanzar el sueño del ingreso alto? Simple: trabajar en mejorar su estado de Derecho.

Lo increíble es que estamos en época electoral y este tema no está realmente en agenda. No basta ir a un foro anticorrupción. No basta pararse delante de las cámaras y llamar corruptos al resto de candidatos. No basta decir “apláudanme pues chicos“. No basta proponer medidas inviables y populistas. La lucha contra la corrupción en nuestro país pasa -necesariamente- por una reforma completa, exhaustiva, difícil y radical de nuestro Poder Judicial. Será una pelea que costará mucho capital político, quizás el mayor reto que pueda enfrentar un presidente en nuestro país, pero es algo que tiene que hacerse. Lo que toca es ver quién es el que lo hará de verdad. El desarrollo de nuestro país lo exige.

Advertisements
This entry was posted in Sin categoría and tagged , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s